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Cheme y la fuerza del vínculo humano-animal: cuando la compañía puede marcar la diferencia

La reciente historia de Cheme, el perro que continuó junto a su tutora mientras ella permanecía extraviada durante cinco días en un bosque de Quellón, ha conmovido a miles de personas en todo Chile. Mientras equipos de emergencia desplegaban intensas labores de búsqueda, el can no se separó de la mujer, acompañándola durante toda la experiencia hasta que finalmente fue encontrada.


Más allá de la emotividad que genera este caso, la historia abre una reflexión importante sobre una relación que la medicina veterinaria, la etología y la psicología han estudiado durante décadas: el vínculo entre las personas y sus animales de compañía.


Mucho más que una mascota

Para muchas familias, perros y gatos son miembros fundamentales del hogar. Sin embargo, esta percepción no responde únicamente a un sentimiento cultural o afectivo. La evidencia científica ha demostrado que las relaciones entre humanos y animales de compañía pueden generar beneficios físicos, emocionales y sociales significativos.


Uno de los trabajos más reconocidos en esta materia es el estudio «Human-Animal Bonds I: The Relational Significance of Companion Animals» (2009), de la investigadora y terapeuta familiar Froma Walsh, de la Universidad de Chicago. En esta revisión, la autora concluye que los animales de compañía pueden desempeñar un papel relevante en el bienestar emocional, la resiliencia frente a situaciones adversas y el apoyo psicológico durante períodos de estrés o crisis.


Según Walsh, los animales pueden convertirse en una fuente constante de compañía, seguridad emocional y estabilidad, especialmente en momentos donde las personas enfrentan incertidumbre, miedo o aislamiento.


Un vínculo respaldado por la ciencia

La relación entre perros y humanos también ha sido estudiada desde una perspectiva biológica.


En 2015, la investigadora japonesa Miho Nagasawa y su equipo publicaron en la revista Science el estudio «Oxytocin-Gaze Positive Loop and the Coevolution of Human-Dog Bonds». La investigación descubrió que cuando perros y tutores intercambian miradas afectivas se produce un aumento de oxitocina, conocida popularmente como la «hormona del apego» tanto en las personas como en los animales.


Este mecanismo es similar al que se observa entre madres e hijos, y ayuda a explicar por qué la relación entre perros y humanos puede ser tan profunda y duradera. Los autores plantean que este proceso habría evolucionado durante miles de años de convivencia entre ambas especies.


La figura del tutor como «base segura»

Otro hallazgo relevante proviene del estudio «The Importance of the Secure Base Effect for Domestic Dogs» (Horn et al., 2013), donde los investigadores demostraron que los perros utilizan a sus tutores como una «base segura», un concepto ampliamente utilizado en psicología del apego.


La investigación observó que los perros mostraban mayor confianza, motivación y capacidad para interactuar con su entorno cuando su tutor estaba presente. Este efecto era específico para la persona de referencia y no se replicaba con desconocidos.


Estos resultados sugieren que los perros desarrollan vínculos emocionales estables con las personas que forman parte de su núcleo familiar, lo que explica conductas de búsqueda de proximidad, acompañamiento y permanencia durante situaciones difíciles.


Lo que nos enseña la historia de Cheme

Aunque es imposible saber exactamente qué motivó a Cheme a permanecer junto a su tutora durante aquellos cinco días, la ciencia sí permite comprender que los perros establecen relaciones afectivas profundas con las personas que forman parte de su vida.


La historia de este perro chilote nos recuerda que el vínculo humano-animal va mucho más allá de la compañía cotidiana. Se construye a través de años de convivencia, cuidados, experiencias compartidas y confianza mutua.


Como médicos veterinarios, vemos diariamente cómo este lazo influye positivamente en la salud y bienestar de las mascotas, pero también en la calidad de vida de las personas. Cuidar de nuestros animales no solo significa atender sus necesidades físicas; también implica fortalecer una relación que aporta compañía, apoyo emocional y bienestar a ambos lados de la correa.


Quizás por eso historias como la de Cheme logran conmovernos tanto. Porque nos recuerdan que, en ocasiones, la lealtad más extraordinaria se expresa de la manera más simple: permaneciendo al lado de quien nos necesita.

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